jueves, octubre 12, 2006

AHORITA NO PUEDO

Quisiera contarles el cuento de un enano que vivía en todo el frente de la iglesia de la avenida Francisco Solano, y que cada tarde, después que llegaba del trabajo, se vestía de Cruzado y se paraba en la entrada del templo. Cuando le preguntaban que qué estaba haciendo, él decía que estaba «defendiendo la fe».

También quisiera contarles la historia de José Atila Gutiérrez, un hombre ya cuarentón que cuando niño usaba los frascos de compota vacíos para atrapar los zancudos que pululaban en su casa. Carlos Atila atrapaba los zancudos con los frascos de compota, los metía en la nevera durante dos minutos, los sacaba semi congelados, les arrancaba las alas y los lanzaba al hormiguero más grande que había en el jardín de su casa… Como pueden ver, se trata de un digno heredero del Marqués de Sade.

Cuánto me encantaría hablarles de un ladrón de aires acondicionados que se creía Robin Hood y que se llamaba Rafael José Nogales, un «T.S.U. en Refrigeración» que le robaba los aires acondicionados a los ricos para que los pobres los instalaran y les bajaran la temperatura a sus ranchos.

Me agradaría mucho contarles el cuento del motorizado que todas las tardes se paraba a ver a las muchachas que bailan flamenco en el Centro San Ignacio… Todas creían que el joven era una suerte de sobador sobre ruedas, pero un día descubrieron que Richard Antonio lo que quería realmente era aprender a bailar sevillanas.

Ni hablar de que quisiera quedarme para contarles que Ramiro Alberto Finol es «el Charles Atlas venezolano» que pide plata en los semáforos haciéndole a la gente un show de físico-culturismo, y decirles que su lema es: «tú me das plata y yo te enseño la papa»…

Pero qué va, no puedo… No puedo porque estoy oyendo una y otra vez el disco de Cream en el Royal Albert Hall que grabaron el año pasado y que me compré ayer.

Saludos y besos a las niñas.