lunes, septiembre 04, 2006

LA NARIZ

Hoy contaremos la historia de Germán Gonzalo Rodríguez Gutiérrez, un hombre muy particular que un día se dio cuenta de que metiéndose un dedo en la nariz, podía volar.

Una tarde cualquiera, Germán Gonzalo se encontraba paseando en el Parque del Este. De pronto estornudó un par de veces y sintió la presencia de un moquito fastidioso en la nariz.

Como era de esperarse, Germán Gonzalo miró para los lados y cuando se dio cuenta de que nadie lo miraba, se metió la punta del dedo índice y del dedo gordo de la mano derecha en el orificio derecho de su nariz. Cuál sería su sorpresa cuando, de pronto, se dio cuenta de que sus pies se alzaban del suelo y su cuerpo comenzaba a flotar.

Germán Gonzalo se asustó, pero no dijo nada. No tuvo tiempo de gritar. Cuando se sacó los dedos de la nariz volvió a tocar tierra.

Germán Gonzalo no entendía nada. Por eso se quedó pensando unos instantes hasta que le dieron nuevamente ganas de estornudar.

Germán Gonzalo estornudó tres veces más y eso hizo que volvieran los moquitos a molestarlo. De ahí que volviera a meterse los dedos gordo e índice en la nariz...

Germán Gonzalo se sorprendió al ver que volaba otra vez...

Al instante, sus neuronas muy bien entrenadas, se percataron de la relación existente entre los dedos en la nariz y su vuelo. Por eso, cuando no tenía en el aire más que una exigua cantidad de centímetros, se sacó los dedos de la nariz y volvió a aterrizar.

Ese fue el momento de la verdad en la vida de Germán Gonzalo. De ahí en adelante, se metió los dedos en la nariz y salió volando sobre Caracas, listo para ver cómo la gente se convertía en hormigas.

Así es, damas y caballeros. Germán Gonzalo Rodríguez Gutiérrez es un prodigio aeronáutico que comprendió en un solo día que para volar sólo se necesita un moco en la nariz.