martes, septiembre 19, 2006

EL HOMBRE QUE SE VOLVIÓ PERIQUITO

Guillermo Alfanje era un hombre de cuarenta años de edad que vivía en un apartamento lleno de mugre y desorden. Sus vecinos lo conocían porque cuando salía a la calle, se ponía un riguroso traje negro, y en su hombro izquierdo llevaba siempre un periquito albino.

Curioso era para todos ver a Guillermo volteándose para oler y besar a su prodigioso periquito blanco. Alfanje no hacía nada fuera de lo común, salvo mover la cabeza hacia la izquierda y hacer un sibilante ruido nasal que era el preludio de un «viaje».

Cuando Guillermo olía al periquito, se transformaba en él; se volvía lívido y repetía las palabras que oía con una velocidad y un tartamudeo que le daban el aspecto de un robot.

Alfanje convertido en periquito era siempre el alma de la fiesta, el más querido por todos, el amo y señor del entretenimiento. Lo único malo era que el periquito volvía a su nido en medio de una estela de violencia.
—¡Sácalo de nuestras vidas, sácalo de nuestras vidas! —Gritaba el periquito cuando volvía a su casa y se transformaba nuevamente en Guillermo, el cuarentón del traje negro.

Sigue así, Alfanje. Vas por buen camino.