domingo, agosto 27, 2006

THE MOB RULES

¿Por qué nos gustan tanto las películas de mafiosos, si en todas aparecen las mismas situaciones?

Nos gustan por una razón muy simple: porque en ellas se plantea la creación de un orden social paralelo al orden en el que vivimos a diario. Los mafiosos son un grupo de personas que decidieron que el contrato social bajo el que viven no les sirve y por eso decidieron crear otro. En ese nuevo orden los participantes pueden obtener infinitos beneficios, pero deben cumplir a cabalidad una serie de reglas.

En ese mundo de mafiosos se pagan impuestos, pero en lugar de ofrendárselos a las instituciones normales establecidas por la sociedad, se los pagan a los miembros de su propia «familia», dependiendo del puesto que cada quien ocupa en el escalafón y, por supuesto, de las ganancias obtenidas en cada negocio. Toda mafia es una organización piramidal que se mantiene gracias a la omertá, un código de obediencia, fidelidad y silencio que deben honrar todos los partícipes o irse al más allá con un tiro en la cabeza o con unos zapatos de cemento.

Las películas de mafiosos nos gustan porque nos muestran un mundo en el que se negocia, se trabaja, se vive, se muere, se goza y se sufre en un marco de reglas mucho más claras que las que gobiernan la vida de la legalidad «normal». En el mundo de los gángsters no caben los relativismos ni la baba metafísica de la que está hecha la realidad contemporánea, ésa que tolera debilidades morales y disculpa al necio.

Larga vida a Michael Corleone y a Tony Soprano.