sábado, agosto 12, 2006

LA BANDA SONORA DE CARACAS

Caracas es una ciudad con una banda sonora conformada por el canto de miríadas de grillos, sapos y ranas que pueblan los resquicios más insólitos de nuestra pequeña y deslavada metrópolis. A esa música natural que los caraqueños no oímos por la fuerza de la costumbre, se le ha ido sumando el sonido tenebroso de miles de pistolas, ametralladoras, revólveres y escopetas que truenan con rigurosa precisión cada día y cada noche.

Otros ruidos que conforman el cuerpo sonoro de esta infeliz ciudad son (junto con el calor que aunque no suena, le da al ruido caraqueño una peculiaridad mortal) la haydeniana melodía de los taladros que rompen calles enteras, las sirenas, las cornetas, el temblor de los carros en los que retumba el arte del reggaetón, los gritos infinitos de esa extraña raza de seres humanos que se monta en la parte de atrás de camiones y pick ups y que modula «ale», en lugar de «dale», a todo gañote.

En Caracas suenan todos estos ruidos y antes, junto con el monótono canto de las chicharras que chillaban hasta reventar, se oía la «marchantica» de los heladeros y rugían las distintas tesituras de los motores de los aviones y helicópteros que volaban sobre nuestra ciudad y nos recordaban los dibujos que hacíamos en el kinder, cuando todavía pensábamos que la ciudad en la que vivíamos era moderna.

Caracas es hoy una ciudad con una banda sonora siniestra.