lunes, junio 19, 2006

PETER O' TOOLE EN CARACAS

  Hace 3 décadas, yo, Alfredo Escalante, era disc jockey en una discoteca que se llamaba La Jungla, que quedaba en Plaza Venezuela. Una noche estaba yo de lo más tranquilo, poniendo discos de Ten Years After y de Doors en el local, cuando de repente veo que se arma un revuelo en la puerta. En verdad no pasaba nada malo. Era que un importantísimo personaje había llegado con su séquito de traductores, aduladores, productores y demás.

  A mí nunca me ha gustado la farándula. Por eso no me aparté de la música, pero cuando vi que el tipo que nos visitaba era el mismísimo Lawrence de Arabia, me asusté.

  Ahí estaba Peter O’ Toole, bebiendo vodka en las rocas, sonriendo y hablando con las muchachas y con la gente sobre sus proyectos cinematográficos. El tiempo fue corriendo entre tragos, tequeños, bolitas de carne, baile y mucha cordialidad. La verdad es que no es difícil adivinar que Peter O’ Toole la estaba pasado bien en Caracas.

  Lentamente, y como suele suceder, el jolgorio fue cediendo terreno ante el cansancio. Así, la gente se largó para su casa o para las areperas de turno. Todos menos Peter O’ Toole, quien seguía allí, impávido, contento, inquieto, ante la mirada ya cansada de los mesoneros y de los que trabajamos en la discoteca.

  Cuando ya no quedaba ningún cliente en el local y supongo yo que alguien le dijo a Lawrence de Arabia que era hora de partir, se me acercó uno de los productores que andaban con Peter O’ Toole para preguntarme algo:
—Amigo, ¿usted tiene aquí la música de Zorba el griego?
—Cómo no—le respondí.

  Entonces, el tipo se me acercó un poco más y me dijo en ese tono íntimo que tienen los borrachos caraqueños:
—Hermano, ¿a ti te importaría bailar con Peter O’ Toole? Es que con la rasca se cree Anthony Quinn.

  La verdad es que al principio no supe qué decir, pero al recordar que la música griega está hecha para que los hombres bailen sin que se trate de un chiste de maricones, acepté.

  Como lo oyen… yo, Alfredo Escalante, bailé Zorba el griego con Peter O’ Toole... El tipo bailó, brincó, sonrió, me dio un fuerte abrazo y me dio las gracias con sinceridad.

  Valga este cuento como homenaje a Anthony Quinn, a Peter O’ Toole y a aquella Caracas alegre visitada por estrellas famosas.