martes, mayo 30, 2006

VERANEO EN ANTÍMANO

Ahí, frente al portón de la casa de sus padres a las 12 de la noche, se encuentra Eduardito con los ojos cerrados.
―Yo soy Eduardito, el niño sonámbulo. Estoy muy triste porque los niños de Antímano no quieren jugar conmigo. Por eso, con mis poderes telequinésicos, los voy a pulverizar a todos.

Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, el pequeño Eduardo se fue caminando hasta las casas de sus amiguitos. Cuando llegaba a cada una de las mansiones, el niño telequinésico entraba con sigilo y, como una sombra, entraba al cuarto de cada uno.

Una vez allí, Eduardito abría los párpados y de sus ojos salían unos rayos plateados y feroces que convertían en ceniza a la gente.