sábado, abril 29, 2006

A SHORT STORY

Karina Sáinz Borgo: Estatua de El Santo en Tulancingo, México; 2005
Y ahora, no se asombren…Tampoco se asusten porque aquí puede pasar cualquier cosa.

Este es otro magnífico día en caracas, pero cuál sería nuestra sorpresa cuando, repentinamente, todo se nubló y de inmediato comenzó a caer una espesa lluvia de peluquines. Por todas partes la gente se escondía ante el diluvio de bisoñés que le caía en el cogote y le llenaba incómodamente el cuerpo de pelos postizos. Como siempre, las calles de caracas se llenaron de pozos de bisoñés y el tráfico se trancó en forma de colas descomunales.

El Ávila podía venirse nuevamente abajo por culpa del pelero caído del cielo.

Afortunadamente no hubo víctimas ni refugiados producidos por esta furibunda lluvia de peluquines caída hoy.

En vez de un palo de agua, esto fue un palo de peluquín.

Karina Sáinz Borgo: Estatua de El Santo en Tulancingo, México; 2005