lunes, abril 24, 2006

CUENTO CLÁSICO Y VIOLENTO

Teseo se encontraba en la puerta del laberinto donde vivía el minotauro. Tenía sed y fastidio por tener que entrar a ese sótano inmundo debajo del Palacio de Cnossos en Creta.

Teseo estaba obstinado de repartir violencia. Antes de entrar ahí, había tenido que matar a 12 soldados cretenses que trataron de atraparlo.

Teseo cojeaba. Uno de sus enemigos le había golpeado un tobillo con una lanza. Aún así avanzó hacia el interior del laberinto con lentitud hasta que por fin llegó a la cámara central, la más grande de aquel espacio tan enrevesado como el cerebro de su creador. Allí el héroe se sentó en una pequeña mesa. Esperó diez minutos en silencio hasta que comenzó a escuchar el vaho de la respiración del Minotauro.

Teseo abrió bien los ojos. Cuando se hubo acostumbrado a la penumbra, apareció por fin el enorme monstruo con su cabeza de toro y su cuerpo de humano.

Ambos se abrazaron. Se dieron sonoras palmadas en la espalda y se dijeron uno a otro:
―¡Caramba, bróder, estás más delgado!

Y el otro contestó:
―Es que estoy comiendo menos carne...

Y así, Teseo y el Minotauro se sentaron a conversar durante horas al tiempo que se bebieron dos botellas de Old Parr y se comieron dos bandejas de chistorras.
Y colorín colorado, este bello cuento se ha terminado.