jueves, marzo 02, 2006

¿Y DÓNDE ESTÁ EL ARTE CONTEMPORÁNEO?

Prosternémonos a orar frente al jamón serrano, y si es en familia, mejor

Pese a lo que los expertos y los fanáticos digan, el arte más importante de nuestro tiempo no se encuentra en museos y galerías; se encuentra en la calle, en los centros comerciales, en la ropa de la gente, en la televisión, en el cine, en la radio, en la internet, en la publicidad, en cualquier supermercado y en todos los rincones del planeta. El poder seductor del arte (visto como una intervención sobre las formas) se ha esparcido por el mundo con una fuerza inusitada que sólo se explica por la necesidad de que todos los objetos de consumo que nos rodean estén cargados de algo que los haga parecer únicos a pesar de ser producidos bajo un sistema industrial y masivo. Hoy, por ejemplo, es fácil encontrar en una tienda cualquiera un simple cepillo de dientes, un peine o un tenedor diseñados para que simulen una dimensión espiritual, aunque hayan sido diseñados bajo variables de economía y mercadeo. Y aún más: el arte se salió de sus límites, se salió de sí mismo y de sus formatos tradicionales; quiso diseminarse en el espacio proponiendo instalaciones, obras penetrables y piezas hechas con toda clase de materiales efímeros, y terminó convertido en ciencia que decora interiores, en variante de la arquitectura, en arte que, para bien de la humanidad, vuelve más interesantes a discotecas, bares y restaurantes en el mundo entero. El arte quiso que el público interviniera, que participara y no fuese pasivo; con ello logró la expansión definitiva del arte hacia la vida cotidiana, y para demostrarlo, ahí están los karaokes, las fiestas multitudinarias con ácidos, dj’s y vj’s, los programas de radio con intervención telefónica del público, las “salas” de chats, el correo electrónico, los juegos de video, los multimedias interactivos, las máquinas de pin ball, la telefonía celular, el video digital, las teletiendas, las “líneas calientes” y un largo, larguísimo, etcétera.

Desde hace tiempo, eso que llamamos arte contemporáneo se mueve en un espacio que le da la oportunidad a cada persona de sentirse en libertad de verse a sí misma como un formato o como una obra de carne y hueso que camina por las calles y que puede decidir qué hacer consigo misma porque tiene todos los medios a su alcance. Eso nos demuestra que el arte contemporáneo se ha convertido en una prolongación de la vida, en una extensión que se hace preguntas y busca orden y coherencia. Por eso el arte (en cualquiera de sus formas) es tan importante para los que estamos vivos. Y conste que no se trata de promover la siempre sospechosa idea de que el arte “salva”; se trata de poner el acento en que una pintura, un grafiti, una película o la impresión del rostro de Jim Morrison en una franela están ahí para preguntarnos cosas, para decirnos que estamos en este precioso mundo para interrogarnos sobre nuestra propia vida y —¿por qué no?— para divertirnos.