jueves, marzo 09, 2006

THE HORROR

Chaim Soutine: El buey desollado; óleo sobre tela; 1926

La vida sigue su curso aunque tenga un eterno velo de sucio. Ser venezolano en estos días supone vivir con una pátina de mugre físico y de mugre en el ánimo. Eso se ve en las calles llenas de grafitis, de pintas que se solapan, se corrigen, se cubren y se interpelan unas a otras. Las paredes de mi país son un campo de batalla para una guerra gráfica.

Al menos queda el sospechoso consuelo de saber que el rojo de la lata sustituye al rojo de las arterias.