lunes, febrero 20, 2006

LOS TALADRISTAS

Ernest Ludwig Kirchner: Los bañistas de Moritzburgm; 1909; óleo sobre tela

Juanita Hipodérmica tenía doce años casada con Natación Esparragoza. Ella era un ama de casa ejemplar y él un obrero muy bien calificado. Ella cuidaba a los nueve retoños que eran producto del amor más serio del mundo, mientras él rompía calles como loco utilizando su taladro querido.

Juanita no se quejaba nunca de nada. Era feliz con su marido y sus nueve hijos varones. Lo que más le gustaba era el empeño que su esposo ponía en su trabajo. Natación Esparragoza constituyó siempre un ejemplo para sus muchachos.

El fervor que aquel hombre mostraba por su diaria labor era una cosa que llegaba a extremos delirantes. Imagínense que Natación Esparragoza tenía quince años grabando el sonido de su bello taladro.

Este ejemplar obrero grababa cada sesión de ruptura de calles en la que participaba. Una vez terminado el arduo trabajo cotidiano, se reunía con toda su familia a escuchar la taladrada que sudó feliz durante ocho horas ese día.

Rupertico, el hijo mayor de Juanita y Natación, ya agarró su primer taladro.

El orgulloso padre comenzó a hacer las grabaciones correspondientes para oírlo de noche y enseñarle, por el sonido, dónde tuvo aciertos, dónde errores, dónde tiene que mejorar y dónde hacer énfasis, porque antes que nada, Natación es un buen padre.

Lo mejor es que Juanita Hipodérmica y Natación Esparragoza se ríen de la gente que cree que taladrar deja impotentes a los hombres.

Natación dice que todos los espermatozoides que viven en su interior ya traen consigo un taladro chiquito. Por eso sus hijos vienen listos y felices para gozar haciendo bien su faena. ¿Cómo se puede sufrir en esta vida teniendo tanto optimismo?

¡Qué maravilla que exista gente tan compenetrada con su trabajo!