jueves, octubre 20, 2005

CABO TRAFALGAR

El 21 de octubre de 1805 se produjo, frente al Cabo de Trafalgar, una de las batallas navales más sangrientas de la historia. Allí la Armada inglesa, comandada por Horace Nelson a bordo del HMS Victory, derrotó a la flota combinada franco-española dirigida por el almirante Villeneuve.

Esa batalla representó la primera gran derrota para los ejércitos napoleónicos y un paso más en la lenta debacle del imperio español.

Todos esos detalles están muy bien reflejados en Cabo Trafalgar, la novela que Arturo Pérez Reverte escribió por encargo de la editorial Alfaguara para conmemorar los 200 años de la famosa batalla.

La novela funciona sobre todo porque el escritor investigó muy bien todo lo relativo al mundo de los barcos. Me refiero a los nombres de los objetos y de las partes que conforman una nave de 74 cañones (uno, como lector, queda mareado de tanta jarcia, de tantas vergas, de tantas gavias, de tantos estays, de tantos foques, de tantas carronadas, de tantos alcázares y de tantos palos trinquetes, mayores y mesanas). En eso el libro es magistral. Ahora, la novela como novela, no es ninguna maravilla. Está escrita con un enorme desenfado, eso sí, pero uno termina extrañando el estilo seco y milimétricamente detallado de las novelas de Patrick O’Brian.

Quizás si esta obra donde se cuenta la historia del Antilla —un navío de línea que, según el relato de Pérez Reverte, participó en la batalla de Trafalgar—, no hubiese sido escrita por encargo, fuese mejor.