lunes, agosto 22, 2005

DEPONENCIA

Deponencia de Roberto Echeto y Enrique Enríquez
21 de agosto de 2005


ENRIQUE: Damas y caballeros, artistas y artistos, policías y policíos, modistos y modistos…

ROBERTO: Indigentas e indigentes, periodistas y periodistos, gorditos, pepudos, masacotes, esperpentos y teutones todos.

ENRIQUE: Hoy mi amigo Roberto Echeto y yo, Enrique Enriquez, hemos venido a hablarles sobre el dibujo.

ROBERTO: Antes de comenzar, y para cumplir con ese portento legislativo digno del mejor derecho romano que es la ley de contenidos de deponencias, performances y afines del Edo. Miranda…

ENRIQUE: Aquí tenemos para Uds. un par de mensajes comerciales.

ROBERTO: Al finalizar este bello performance, Enrique Enriquez estará en la sala de arriba, interpretando dibujos.

ENRIQUE: Quien quiera, puede sentarse conmigo a dibujar algo. Yo les contaré una historia sobre sus vidas, basándome en las líneas que ustedes tracen.

ROBERTO: Y a partir del viernes dos de septiembre, Enrique estará presentando su espectáculo “El diablo en las manos y otros cuentos de fantasmas” en el Caracas Theater Club.

ENRIQUE: Allí estaré contándoles mis cuentos de fantasmas favoritos y mostrándoles algunos de los objetos mágicos de mi colección.

ROBERTO: Ahora sí… Para comenzar, queremos pedirles que viajen en su imaginación hasta el momento en que tenían entre dos y dos años y medio.

ENRIQUE: Alguien… su mamá, su papá, una abuela o una maestra, les dio un trozo de papel y un objeto cilíndrico y largo.

ROBERTO: Tal como harían con cualquier otro objeto, ustedes comenzaron a golpear esa barrita contra el papel y de pronto, ocurrió el milagro…

ENRIQUE: De la barrita “salió” una línea, que quedó plasmada en el papel.

ROBERTO: Ese día, cada uno de ustedes hizo su primer acto de magia.

ENRIQUE: La línea se transformó en un horizonte, en barcos montañas, caballos, rostros, aviones y gente...

ROBERTO: A partir de entonces, muchos de ustedes pasaron su niñez tratando de descubrir cuántas cosas más había dentro de ese lápiz.

ENRIQUE: Nosotros, los que participamos en esta exposición, seguimos intentándolo...

Pausa.

ROBERTO: Volvamos a lo que nos ocupa. El dibujo es un tema sobre el que se teje toda clase de infamias.

ENRIQUE: Una de ellas es que se dibuja con la mano.

ROBERTO: Otra es que el dibujo es un paso previo a una obra terminada.

ENRIQUE: Otra es que todo el que dibuja es ilustrador de revistas o hacedor de caricaturas.

ROBERTO: Esa y otras necedades repetidas una y otra vez son calumnias.

ENRIQUE: El dibujo es algo muy difícil de explicar porque no es ocio, no es boceto, no es ilustración, no es un arte manual ni ninguno de esos lugares comunes que pretenden explicar su existencia.

ROBERTO: El dibujo es un asunto mental; es una forma de pensamiento.

ENRIQUE. El dibujo es la traducción de las imágenes que nuestro cerebro se hace del mundo.

ROBERTO: El dibujo está hecho de líneas y las líneas no reproducen los objetos; reproducen lo que hemos entendido de sus formas.

ENRIQUE: Ver un dibujo es dibujarlo de nuevo, porque nosotros creamos lo que vemos.

ROBERTO: Todos somos dibujantes, activos o pasivos.

ENRIQUE: La línea es la reproducción de un recorrido visual que se hace para entender la configuración de todo lo que nos rodea.

ROBERTO: Eso me recuerda que el otro día andábamos Enrique y yo “recorriendo visualmente” un parque y vimos algo horrible.

ENRIQUE: Vimos un partido de rugby entre las payasas lesbianas del circo de los Hermanos Ringling y las Girls Lesbian Scouts.

ROBERTO: Fue horrible porque, las lesbianas se trabaron en un tackle de lo más agresivo, y cuando pensábamos que se iban a matar, comenzaron a sobarse unas contra otras en pleno lodo.

ENRIQUE: En eso, un niñito lloró, se disparó la alarma de un carro y un par de lobos aullaron.

Enrique y Roberto aúllan.

ROBERTO: y, a trillones de trillones de kilómetros luz, Yoda percibió una perturbación en la Fuerza.

ENRIQUE: Fue el acto lésbico más feo de la historia.

ROBERTO: Volviendo a lo que nos ocupa, el dibujo es un asunto muy serio. Tan serio que no se puede dejar en manos de artistas. Veamos por qué:

ENRIQUE: Todos arrastramos un dibujo que anda siempre con nosotros: nuestra sombra.

ROBERTO: Todos traducimos el mundo a imágenes antes que a palabras.

ENRIQUE: Todos los que dibujamos, entramos en una suerte de trance. Las imágenes pasan a través de nosotros y se traducen en unas líneas que terminan marcadas en un formato de cualquier material.

ROBERTO: No sabemos de dónde vienen las imágenes que dibujamos; por eso somos instrumentos del dibujo.

ENRIQUE: También por eso es deleznable la idea de que uno sea “ilustrador”; es decir: amanuense de las imágenes que pasan por la mente de otro.

ROBERTO: Un artista que se exprese a través del dibujo es un médium de sus propias imágenes.

ENRIQUE: Los artistas no hacen uso del dibujo...

ROBERTO: ...es el dibujo quien hace uso de los artistas.

ENRIQUE: Por eso, Rembrandt, Egon Shiele, Paul Klee, Kokoschka, Matisse, Toulouse Lautrec, o Velázquez... fueron mediums...

ROBERTO: Mediums a través de los cuales el dibujo se ha expresado.

ENRIQUE: Y hablando de Velázquez, a Velázquez le encantaba dibujar enanos.

ROBERTO: Hoy en día uno no puede dibujar enanos tranquilamente.

ENRIQUE: Y no es porque los enanos estén creciendo.

ROBERTO: Sino porque les cambiaron el nombre.

ENRIQUE: Uno no puede siquiera decirle “enano” a un enano.

ROBERTO: No es “políticamente correcto”.

ENRIQUE: Lo políticamente correcto es decirles “gente pequeña”.

ROBERTO: Pero... ¿Quién va a querer ser “pequeño” cuando puede ser enano?

ENRIQUE: Nadie en su enano juicio.

ROBERTO: Por eso, nosotros hemos decidido algo.

Roberto y Enrique se arrodillan.

ENRIQUE: Queremos proponer la creación del Dwarf Pride Parade...

ROBERTO: El desfile del orgullo enano...

ENRIQUE: Que no es lo mismo que un pequeño orgullo ¿se dan cuenta?

ROBERTO: ¡Enanos del mundo!

ENRIQUE: ¡Marchen unidos!


Enrique y Roberto remedan una marcha, arrodillados, silbando la canción de Blancanieves.

ROBERTO: Hablando de enanos, a Enrique le pasó una cosa horrible en Nueva York.

ENRIQUE: Estaba yo en Central Park, cuando un duende irlandés me llamó desde detrás de un árbol: “psst... psst...”.

ROBERTO: Enrique estaba feliz, creyendo que el duende le iba a regalar una olla de oro.

ENRIQUE: Así que me acerqué sin que nadie me viera.

ROBERTO: ¿Y te dio oro?

ENRIQUE: No, el maldito enano me ofreció marihuana...

Pausa.

ROBERTO: En ese mundo se acabaron los standards...

ENRIQUE: Volviendo al dibujo, según un censo que hicieron el otro día, en los Estados Unidos hay alrededor de 30.000.000 de personas que dibujan.

ROBERTO: ¡Treinta millones!

ENRIQUE: Si se organizase el papeleo pertinente, se podría fundar un país de dibujantes, con todo y pasaporte.

ROBERTO: Los artistas de esta exposición que nuestras amigas Gisela Romero y Carola Bravo tuvieron la maravillosa idea de organizar, somos ciudadanos del país del dibujo.

ENRIQUE: Nuestro pasaporte podría ser un lápiz.

ROBERTO: Y más que el lápiz, saber usarlo.

ENRIQUE: Incluso cuando no tenemos un verdadero lápiz en la mano.

ROBERTO: Con ese lápiz, real o imaginario, abrimos la puerta a otro mundo.

ENRIQUE: Los dibujantes cruzamos esa puerta con frecuencia, para buscar en el otro lado lo que le hace falta a este mundo.

ROBERTO: En estos días, por ejemplo, Enrique y yo hemos estado dibujando incontables elefantes, una vez y otra vez y otra vez...

ENRIQUE: porque el dibujo es un talismán, y la repetición abre la puerta a que la energía del elefante nos alcance.

ROBERTO: Dibujar es invocar los seres cuyas formas dibujamos. Cuyo poder necesitamos.

ENRIQUE: En este mundo necesitamos menos estúpidos y más elefantes.

ROBERTO: Los estúpidos (y los djs) ocupan más espacio.

ENRIQUE: Si dibujamos y dibujamos al mismo elefante, lograremos invocar a un elefante que sea tan elefante como el que más.

ROBERTO: Los animales son ideas, guardadas en formas poderosas.

ENRIQUE: Por eso sólo podemos dibujar elefantes hasta lograr “sentir elefante”, “pensar elefante”...

ROBERTO: Hasta que los trazos pesen, barriten y trompeteen...

ENRIQUE: O se defiendan con trompadas furiosas...

ROBERTO: Y transmitan ese sentir a quienes miren los dibujos.

ENRIQUE: Así, todos nuestros dibujos juntos, uno tras otro, uno al lado del otro, uno a través del otro, “serán elefante”.

ROBERTO: Excepto porque no huelen a elefante.

ENRIQUE: Quizás la única diferencia entre el dibujo y la realidad, es el olor.

ROBERTO: Los dibujos no huelen

ENRIQUE: A menos que uno dibuje con sangre, con excrementos, o con Jean Marie Farina.

ROBERTO: Pero si uno agarra un lápiz negro...

ENRIQUE: No, ya va, recuerda que decir “negro” no es políticamente correcto.

ROBERTO: Ah, verdad. Uno agarra un lápiz “afromaericano”... y comienza a dibujar, no huele a nada.

ENRIQUE: Por cierto que nuestro querido amigo Carlos Zerpa nos contó el otro día dos historias de elefantes.

ROBERTO: Dos historias que huelen.

ENRIQUE: Alejandro Jorodoswky cuenta que cuando era niño comenzó a pintar con mocos un elefante en el papel tapiz al lado de su cama.

ROBERTO: Tan sólo le faltaba un colmillo, cuando su abuela lo sorprendió pegando mocos en la pared

ENRIQUE: Le dio una buena paliza, mientras le gritaba “cochino, inmundo”.

ROBERTO: Aquí en Venezuela, el escultor Víctor Valera cuenta que cuando niño, fue a un circo y lo que más le sorprendió fue el tamaño del excremento de los elefantes

ENRIQUE: Unas plastas enormes más grandes que las que ponen las vacas.

ROBERTO: Así que esa noche se metió detrás de la carpa del circo y se llevó a su casa una plasta enorme que escondió debajo de su cama.

ENRIQUE: Ese era su tesoro hasta que fue descubierto por el olor que emanaba.

ROBERTO: Y se la botaron mientras le decían “muchacho del carajo, tú sí eres cochino”.

ENRIQUE: Y hablando de elefantes, queremos contarles un cuento.

Enrique y Roberto piden a un voluntario que sirve de caballete, y comienzan a pasar las páginas del Elephant room.


ENRIQUE: Dibujamos para darle sentido a la vida, para conocerla, para organizarla y para añadirle tigres.

ROBERTO: Todo lo que dignifica a los seres humanos está basado en su capacidad para asignarle significado a los objetos. Dibujar es una manera de darle significado a las cosas.

ENRIQUE: Vivimos en un mundo cada vez más estúpido que necesita más sentido y menos reggaetón.

ROBERTO: El reggaetón es un estado alterado de inconsciencia.

ENRIQUE: El dibujo, un estado alterado de conciencia.

ROBERTO: Sea que uno dibuje...

ENRIQUE: O que uno vea un dibujo...

ROBERTO: Los trazos abren la puerta al momento de la verdad.

ENRIQUE: A ese momento en donde uno entiende todo.

ROBERTO: Porque el dibujo es una técnica de éxtasis.

ENRIQUE: La única técnica de éxtasis no reglamentada por el Cartel de Cali.

ROBERTO: Los shamanes del pasado comprendieron dibujando cómo convertirse en leones, osos u hombres lobo.

ENRIQUE: Un círculo dibujado en el piso ha protegido siempre a los magos de sus demonios...

ROBERTO: Leonardo nos dejó entre sus dibujos el secreto para volar.

ENRIQUE: Hoy comprendemos que a este mundo hay que redibujarlo todo.

ROBERTO: Queremos dibujar una estampida de elefantes que se lleve por delante tanta indignidad.

ENRIQUE: O al menos, dibujar, por dibujar...

ROBERTO: Dibujar lo que sea, como sea...

ENRIQUE: Porque dibujar es quitarle espacio a esta nada que nos está comiendo.

ROBERTO: Dibujar es oponerse al desastre

ENRIQUE: Dibujar es crear claridad.

ROBERTO: Amigos, dibujen...

ENRIQUE: Dibujen, que eso es bueno.

ROBERTO: Dibujen como locos...

ENRIQUE: Y si al final no saben qué hacer con sus dibujos, no se preocupen.

ROBERTO: Aquí, les tenemos una pequeña lista de títulos que queremos ofrecerles para sus dibujos:

ENRIQUE: Con los chinos nada es casualidad.

ROBERTO: Otro golpe para las putas.

ENRIQUE: El hígado de Anita.

ROBERTO: Gracias a Dios que uno dibuja.

ENRIQUE: Tenía un nudista en la cabeza.

ROBERTO: En Venezuela no hay cunas viejas.

ENRIQUE: El grande tenía pedazos de gente dentro.

ROBERTO: Ayer vi mi muerte cerebral 3 o 4 veces.

ENRIQUE: La letra del carnicero.

ROBERTO: Ese camión de cochinos viene directo para acá.

ENRIQUE: Y ahora, para terminar con unas palabras realmente sabias, queremos citar a nuestro amigo Eduardo Molina:

ROBERTO: Mi trabajo es dibujo. Todo empieza y termina con la línea. En ocasiones he querido hacer desaparecer la línea para quedarme solamente con el soporte como objeto puro, pero siempre siento la necesidad incontrolable de dibujar sobre la piel de las cosas.

ENRIQUE: El dibujo es la libertad de la mano. En cierto momento del proceso es la mano quien decide la trayectoria de la línea, el artista se convierte en simple espectador casi pasivo ante el destino de la línea.

ROBERTO: Yo no diría que el dibujo es la fuente de las demás artes, pero si es la red que las conecta a todas. Sin esta estructura que es el dibujo las demás artes no se sostendrían.

ENRIQUE: Y nosotros agregamos: el mundo tampoco se sostendría sin el dibujo.

ROBERTO: porque el mundo es un dibujo que creamos con solo abrir los ojos...

ENRIQUE y ROBERTO: ¡Muchas gracias!