sábado, julio 23, 2005

CARNE

En 1997, Enrique Enríquez y yo diseñamos una publicación nada convencional que se llamaba CARNE. Era un fanzine formado por un grupo de hojas impresas en offset que metíamos en un sobre y las enviábamos por correo a una lista de personas a quienes considerábamos que podrían ser buenos interlocutores en un tema que por esos días nos interesaba sobremanera: el del cruce entre el arte tradicional y los medios de comunicación. CARNE vio la luz en ese formato en tres oportunidades. Cada uno contenía cuentos, fotografías, dibujos y hasta un bello rompecabezas. Un día surgió la oportunidad de convertir a nuestro fanzine en el encarte de URBE, una publicación que tenía (y tiene) una influencia directa en el público joven venezolano. De imprimir unos 100 fanzines hechos casi que a mano, pasamos a imprimir unos 5.000 ejemplares para ser, como ya dije, encartados en URBE. Ya en su nuevo formato, CARNE perdió su estética clandestina de fotocopia y ganó una presencia que la asemejaba a los encartes humorísticos que vienen en ciertos diarios. Allí abrimos un espacio para la sátira, para las imágenes corrosivas, para el cuento y para crear un lugar de encuentro en el que pudiéramos intervenir gráficamente un territorio que no siempre tocan los artistas: el de lo masivo, el de los medios de comunicación en su entorno real, en la imprenta, en el propio periódico circulando por las calles entre el público.

Al final, esa experiencia nos dejó muchas satisfacciones. En principio, terminamos entrando en contacto con gente interesante que conoció nuestro trabajo como artistas gracias a CARNE y a la manera como presentábamos nuestras propuestas gráficas y literarias. De ahí que termináramos exhibiendo nuestro fanzine en el IV Salón Pirelli de Jóvenes Artistas en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber.