jueves, julio 14, 2005

Barbarie pura

La cabeza de la Virgen María se encontraba ahí, volteada y muda, posando para las cámaras. A su lado, y también silente, el cuerpo exhibía su oquedad de porcelana. Tan sólo las manos unidas en el acto de orar le daban forma a la imagen. Alrededor de la Madre de Dios la gente se revolvía y se revuelve pensando en el desastre, en el Apocalipsis, en cuánto nos hemos degradado para llegar a esto: al ultraje y destrucción de lo que consideramos sagrado... Pero, ¿qué podemos pedirle a una caterva de indignos que ha matado o que, al menos, se ha reído cuando otros de sus copartidarios lo han hecho? Para gente así, el que descabecen la estatua de yeso de la Virgen María no reviste la menor importancia. Para quien la vida real no vale nada, mucho menos valen los símbolos.