miércoles, junio 15, 2005

ENTREVISTA

¿Cuáles son los tres títulos de la literatura universal a los que se acerca constantemente a releerlos?
* La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
* Las formas del fuego, de José Antonio Ramos Sucre
* Crónicas marcianas, de Ray Bradbury


¿Qué haría por obtener un ejemplar de la primera edición de algún libro famoso de la literatura y cuál sería ese título?
La verdad es que no haría nada. Aparte de que soy perezoso, no cultivo el delirio fetichista que producen los libros.


¿En qué libro ha encontrado su definición de “Vida”?
En la Odisea.

Esa definición es: acaba con los malos antes de que ellos acaben contigo, se queden con tu casa y se cojan a tu mujer.


¿Qué historia de amor de la literatura le hubiera gustado vivir?
La de Harpo Marx con su arpa.


¿Qué obra de la literatura le gustaría ver en el cine?
La verdad es que no sé. Por lo general, las adaptaciones cinematográficas de las mejores obras de la literatura no dejan satisfecho ni al espectador que va al cine ni al lector. A veces, claro está, uno se topa con alguna sorpresa como sucede con El señor de los anillos, con El nombre de la rosa, con Master and Commander o con Brother, where are thou?, de los hermanos Coen.


¿Con qué autor de la literatura le hubiera gustado conversar y compartir en una velada bohemia?
Con ninguno (la vida disipada no se me da). En todo caso, me habría gustado almorzar en un restaurante chino con Guillermo Cabrera Infante y, por supuesto, habría dejado que pagara él.


¿A qué autor de la literatura universal considera injustamente olvidado?
A José Antonio Ramos Sucre. Sólo una pequeña parte de la población venezolana conoce su obra. Si eso es así, es obvio suponer que no la conocen en ningún otro lugar… Por supuesto, por culpa de los mismos venezolanos y para mal de quienes ignoran que existe una prosa como la del gran José Antonio.


¿A qué autor de la literatura universal considera sobre valorado por la crítica y el tiempo?
Los lectores somos muy dados a imaginar escalafones en los que colocamos a los escritores que leemos. Lo más divertido de ese juego es que hoy ponemos a uno en la cúspide del podio y mañana lo sacamos y ponemos a otro sin que se nos mueva una ceja. Al final, creo que en ese divertimento hay algo escondido y que, a su vez está relacionado con lo más íntimo de la literatura. Me refiero a la libertad. Quien decide escoger quién o quiénes son sus escritores favoritos, cuál es el libro que más o que menos le gustó, está ejerciendo su derecho a la libertad individual.

Cada quien que decida. Yo, como sé que hoy diría que está sobrevaluado fulano y subvaluado mengano, y mañana diría otra cosa, pues no digo nada. Así no pasaré una vergüenza, si leo esta entrevista dentro de diez años.


¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado que exista, efectivamente?
Ninguno. Es mejor que estén donde están. Así no les huelen los pies.


¿En qué personaje de la literatura se ha visto reflejado en virtudes y defectos?
En casi todos los personajes de las obras que he leído en mi vida. Cuando leemos, somos los personajes, sufrimos sus cuitas y nos alegramos de sus éxitos. Leemos para convertirnos en otros, para entrar en otra realidad diferente a la nuestra y luego volver a nuestro mundo y verlo de otra manera, una manera que ha sido tocada por esa lectura.


¿Cuáles son las cinco palabras que utiliza con obsesión en su literatura?
Odio, optimismo, escopeta, calzoncillo y belleza.


¿Con qué está comprometida su literatura?
Con la necesidad de producir entretenimiento, con la necesidad de ser optimistas, con la necesidad de producir belleza… Porque si algo tiene este mundo es que se ha vuelto aburrido, peligroso y necio.


¿Cómo sería su vida sin la literatura?
Sería tan aburrida, tan miserable, tan reprimida y tan cuadriculada como un aeropuerto.