jueves, mayo 26, 2005

BOB Y LAS RATAS

 Bob estaba en el patio de su casa, disfrutando de lo bella que es la vida en una tarde que lucía límpida como una pecera nueva. Bob se dedicaba a mirar las ratas que corrían entre los botes de pintura vieja arremolinados en el fondo de su jardín.

 Había una rata gorda y gris que Bob miraba con especial atención, tratando de detallarle los bigotes tiesos como las cuerdas de un arpa podrida. Nuestro amigo la veía y se asqueaba imaginando a aquel monstruoso roedor, mordiéndole los dedos de los pies o comiéndole los labios. También sentía asco al ver que aquel monstruo no estaba solo; que toda su presencia entre las cajas y la basura se veía rodeada de más y más ratas que, como un torbellino de dientes y bigotes, se montaban unas encima de otras para olerlo, roerlo y orinarlo todo a su paso.

 Semejante visión hizo que Bob entrara a su casa y saliera a los pocos minutos armado con una hermosa y brillante escopeta que en su armario no se veía tan bien como en el patio de su casa.

 Bob continuó mirando a las ratas, pero esta vez lo hizo con una ligera curva en su boca, mientras le colocaba, uno a uno, los cartuchos a su escopeta. Pronto las ratas de ese jardín sabrían lo que es el fuego y quedarían todas muertas, desparramadas e inertes, con las tripas afuera, en el hermoso patio de la casa de Bob.