lunes, enero 30, 2017

MEDITACIÓN VOLÁTIL

 El objetivo de los artistas de todas las épocas consiste en inocular ideas en ese continuo discursivo individual que es nuestra mente. La obra de arte es el vehículo flamante para concretar esa operación. En el pasado, la hechura del objeto artístico opacaba la red de significados de la que la obra era un disparador. Admirábamos las formas, el dibujo, los colores... Recordábamos, si acaso, las anécdotas, la osadía, las contingencias grandes y pequeñas, algunos nombres y algunas fechas mínimas, pero las cadenas de ideas quedaban en las sombras de las bibliotecas. En el presente, el objeto artístico importa y sigue realizándose con mayor o menor prolijidad, aunque sus formas llamen la atención sobre sí mismas de maneras distintas a como lo hacían en el pasado. Su presencia como hilo que nos permite acceder a una red de contenidos extensa y profunda se ha amplificado hasta el punto de independizarse de lo que la tradición asume como obra de arte.

 Las obras de arte contienen sus propios comentarios; hablan de sí mismas y de las obras con las que se relacionan de manera directa a través de citas o de pequeños guiños camuflados entre las formas. Para el intérprete, entregarse a las obras significa una inmersión voluntaria en esa red. Si es agudo, los más probable es que disfrute la experiencia y la alimente con sus propias meditaciones. Si no, es casi seguro que el intérprete abandone el análisis y se deleite con otras actividades. La búsqueda del arte se expande hacia la creación de infinitas redes de sentido; va más allá de la producción de obras materiales (instalaciones, esculturas, pinturas, libros...). Por tanto, busquemos en las palabras y en las conexiones aquello que nos hace saber que estamos en presencia de una gran obra.

 En el espacio casi intangible de los comentarios, las ideas se tornan argumentos, palabras, oraciones, párrafos que se expanden o se contraen, dependiendo de su propia naturaleza. Las ideas adquieren densidad en las palabras o en las imágenes que las contienen hasta que se convierten, por sí mismas, en las obras.